
El sumo es una antigua forma de lucha que ha sido durante mucho tiempo el deporte nacional de Japón. Sus orígenes se remontan al período Yayoi (aprox. 300 a.C. - 300 d.C.) e incorpora muchos elementos de la religión sintoísta en sus diversos rituales y convenciones, cuya combinación suele durar mucho más que la propia competición deportiva. Aún considerado un acontecimiento sagrado, el pabellón en el que se celebran los combates de sumo se considera un santuario sintoísta.
Orígenes y desarrollo
Los orígenes del sumo se pierden en la antigüedad, pero se cree que se practicó por primera vez en algún momento del periodo Yayoi como parte de los rituales sintoístas en los que se invocaba o «luchaba» contra los kami o espíritus. Según la tradición, el primer luchador de sumo fue Nomi no Sukune, a quien el emperador Suinin (que reinó del 29 a.C. al 70 d.C.) ordenó luchar contra Taima no Kehaya. Nomi no Sukune salió victorioso, lo cual no es sorprendente, ya que era descendiente de Amenohohi, hijo de la diosa solar Amaterasu.
Durante el período Nara, en el siglo VIII d.C., y en épocas posteriores, las luchas de hombres fuertes adquirieron relevancia como rituales importantes. En esos combates de sumo, que involucraban principalmente a samuráis, se celebraban dos tipos distintos de enfrentamientos: el primero era el tsuji-zumo, en los que no había muchas reglas, las muertes eran frecuentes y el premio era dinero en metálico. El segundo tipo era el kanjin-zumo, que se llevaba a cabo en los santuarios con el objetivo de recaudar fondos para su mantenimiento.
El estilo moderno del sumo comenzó a tomar forma en el santuario sintoísta de Tomioka Hachimangu, en Tokio. A partir de 1684, durante el período Edo (1600-1868), se comenzaron a organizar combates regulares, especialmente por el antiguo samurái Ikazuchi Gondayu, quien estableció las reglas y el formato del evento que aún se siguen en la actualidad. A partir de este momento, los luchadores de sumo, conocidos como rikishi, pasaron a convertirse en deportistas profesionales que recorrían el país. El sumo se consolidó como el deporte nacional de Japón, y tanto los luchadores como el propio deporte siguen siendo considerados sagrados en la cultura japonesa hoy en día.
Rituales sintoístas del sumo
El explosivo enfrentamiento físico de un combate de sumo va precedido de una larga serie de rituales y posturas que tienen su origen en la antigua guerra y en la religión sintoísta. Uno de estos rituales consiste en que el luchador levante una pierna y golpee ferozmente el suelo varias veces. Esto deriva de la práctica arcaica de los guerreros de hacer esto antes de la batalla para asustar al enemigo y, conocido como shiki, también lo realizaba la diosa Amaterasu cuando se enfrentaba a su revoltoso hermano Susanoo en la mitología sintoísta. Los luchadores también suelen darse palmadas en el ritual previo al combate, otra tradición sintoísta en la que un creyente aplaude para indicar el comienzo y el final de una oración. Otro ritual consiste en que los luchadores arrojen periódicamente sal al otro lado y fuera del ring. Se trata de un acto de purificación, ya que la sal se utiliza desde hace mucho tiempo en los santuarios sintoístas. Por último, el árbitro (gyoji) de un combate de sumo llama la atención por sí mismo, ya que viste una túnica basada en las que se usaban en la corte imperial de Japón en la época medieval y similar a la de un sacerdote sintoísta en la actualidad.
Un combate de sumo
Dos luchadores de sumo se enfrentan de pie dentro de un ring delimitado por una cuerda, sobre una plataforma cuadrada elevada construida con arcilla compacta. La plataforma mide exactamente 5,7 metros de lado, y el ring, conocido como dohyo, es un círculo perfecto con un diámetro de 4,57 metros. En la parte superior de la plataforma se encuentra un pabellón techado y todo el conjunto sigue gozando del estatus de santuario sagrado sintoísta al que se asemeja mucho.
El vencedor del combate debe empujar a su oponente fuera del círculo de cuerda o forzarlo a caer al suelo. Si alguna parte del cuerpo del luchador, aparte de los pies, toca el suelo de arcilla, pierde. Los luchadores, con el cabello recogido en un complicado copete que emula el estilo de los samuráis medievales, visten un mawashi, un cinturón ancho que les permite agarrar a su oponente para empujarlo, forcejear con él o incluso levantarlo y sacarlo del ring. Aunque los combates más rápidos pueden resolverse en solo unos segundos, la verdadera dificultad radica en el tamaño de los luchadores: muchos de ellos pesan alrededor de 150 kilos, y algunos de los gigantes del sumo pueden superar los 200 kilos.
Algunos luchadores de sumo son superestrellas en Japón, especialmente los que ganan torneos y adquieren el prestigioso título de yokozuna o gran campeón. Este deporte tampoco se limita a los luchadores japoneses, ya que varios yokozuna proceden de Mongolia y Hawái. Incluso los luchadores menos conocidos gozan de gran demanda, pues suelen ser invitados a casas particulares al final del invierno para llevar a cabo una ceremonia llamada setsubun («segundo día, segundo mes»), cuyo propósito es ahuyentar los malos espíritus u oni. El luchador de sumo lanza frijoles y grita repetidamente la frase Oni wa soto, fuku wa uchi o «Fuera los demonios, dentro la buena suerte».
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