Causas de la Revolución de las Trece Colonias

Artículo

Harrison W. Mark
por , traducido por Waldo Reboredo Arroyo
Publicado el 20 enero 2025
Disponible en otros idiomas: inglés, francés, rumano
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La Revolución de las Trece Colonias y posterior guerra de Independencia de los Estados Unidos (1765-1789) constituyó un acontecimiento decisivo en la historia de Occidente, que dió lugar al surgimiento de los Estados Unidos de América y contribuyó a engendrar nuevas oleadas de revoluciones y levantamientos sociales a ambos lados del Atlántico. Aunque a menudo las causas de la revolución se reducen a una frase tan simple como «no a los impuestos sin representación», su verdadero origen es mucho más complejo.

The Declaration of Independence of the United States of America
La Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América
Charles Édouard Armand-Dumaresq (Public Domain)

La revolución tuvo diversas causas, y aunque entre los historiadores continúa el debate acerca del grado de importancia que debería concederse a cada una, por lo general se acepta que los motivos principales fueron:

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  • Surgimiento de una identidad estadounidense propia, pero ligada estrechamente a la de Gran Bretaña.
  • La política de «no intervención» del Parlamento y su posterior abandono.
  • Un siglo de guerras coloniales.
  • Restricción de la expansión hacia el oeste.
  • El establecimiento de impuestos «injustos».
  • La ocurrencia de una serie de conflictos entre los «patriotas» americanos y los oficiales británicos, entre ellos la masacre de Boston, el Motín del Té y las leyes intolerables.

Sin duda hubo muchas otras causas de mayor o menor importancia que deberían tomarse en consideración, pero los factores mencionados deben ofrecer al lector una comprensión más clara de las razones que originaron la guerra de Independencia de los Estados Unidos.

La identidad americana

Quizá ningún tema posea más relevancia respecto al origen de la guerra de independencia que el de la identidad americana de las colonias. En fecha tan tardía como 1775, en vísperas de la independencia, muchos colonos americanos aún se consideraban ingleses, honestos y leales súbditos del rey. De hecho, justo antes de la batalla de Bunker Hill, que tuvo lugar el 17 de junio de 1775, los regimientos rebeldes estadounidenses se reportaban a filas con la frase «al servicio de su majestad» (Boatner, 539). De este modo, lo que condujo a los colonos a que valoraran su libertad de manera tan encarnizada fue su convicción de ser ingleses.

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con el paso de las generaciones los colonos se acostumbraron a gobernarse a sí mismos y comenzaron a desarrollar una identidad propia, subyacente a su condición de ingleses.

Los ingleses se enorgullecían de ser el pueblo más libre del mundo, al menos desde la Revolución Gloriosa de 1689. En comparación con las monarquías absolutas, el poder que podía ejercer la monarquía constitucional de Gran Bretaña era más limitado, puesto que el Parlamento reivindicaba ser la voz de los súbditos del rey en diferentes asuntos, incluidos los fiscales. Según los diversos documentos legales comprendidos en la abstracta constitución británica, entre ellos la Carta Magna de 1215 y la Carta de Derechos de 1689, a los británicos se les garantizaban ciertos derechos, entre ellos el de un gobierno representativo y el de determinar sus propios gravámenes, lo cual se lograba por medio de elecciones parlamentarias. Se consideraba que el Parlamento representaba de manera virtual a aquellos que no cumplían con los requisitos de propiedad para participar de manera activa en la política.

Los primeros colonizadores ingleses que arribaron a Norteamérica consideraban que mantenían su nacionalidad británica: hablaban la misma lengua, compartían idéntica historia y prestaban lealtad al mismo rey. Los colonos creían que los «derechos de ingleses» los continuaban respaldando, los cuales consagraron sin demora en sus propios estatutos coloniales. Entre otros aspectos, concedían gran importancia al gobierno representativo, razón por la cual las colonias establecieron asambleas legislativas que en ocasiones disponían de un poder superior al de los gobernadores designados por el rey. Con frecuencia la responsabilidad de recaudar impuestos y de poner en práctica otras políticas yacía en dichas asambleas, y siempre que no entraran en conflicto con los intereses de Gran Bretaña, el Parlamento no interfería.

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De este modo, con el paso de las generaciones los colonos se acostumbraron a gobernarse a sí mismos y comenzaron a desarrollar una identidad propia, que subyacía a su condición de ingleses. La cultura puritana de Nueva Inglaterra, por ejemplo, se desarrolló de una forma muy distinta a la de la sociedad fundamentada en el cultivo del tabaco de Virginia, o a la de origen holandés de Nueva York. Sin embargo, a pesar de todo, los colonos continuaron otorgando un alto valor a sus «derechos de ingleses», lo que exponía a las colonias a un brusco despertar en caso que se cuestionara su percepción de ser ingleses.

Política de negligencia saludable y mercantilismo

Durante la mayor parte del siglo XVIII el Parlamento británico aplicaba de manera informal a las colonias una política de «negligencia saludable»: permitía que se gobernaran a sí mismas siempre que le continuaran generando ganancias a Gran Bretaña. En una época definida de manera creciente por el mercantilismo, la idea de que las colonias fueran lucrativas para la metrópoli reunía una importancia suprema. En 1651 el Parlamento aprobó la primera de las Leyes de Navegación, que estipulaba que los productos importados por Inglaterra se transportaran de manera exclusiva en buques ingleses. La totalidad de las maderas, ron, tabaco, y otros artículos exportados por las colonias de Norteamérica debían embarcarse a Gran Bretaña antes de enviarse a cualquier otro destino. Las Leyes de Navegación reforzaban la dependencia de las colonias respecto a Gran Bretaña, pero también crearon tensiones entre la poderosa clase mercante de Nueva Inglaterra. En la década de 1660, período en que se promulgaron estas regulaciones, los mercaderes ya habían establecido fuertes vínculos comerciales con otros países de Europa y diversas colonias, y detestaban renunciar a ellos.

European Colonization of North America c.1750
Colonización europea de América del Norte, alrededor de 1750
Simeon Netchev (CC BY-NC-ND)

La resistencia de los colonos a las Leyes de Navegación rompió el acuerdo tácito que mantenían con el Parlamento. Como acción punitiva, en 1689 el Parlamento intentó centralizar la autoridad británica mediante la consolidación de las colonias en el Dominio de Nueva Inglaterra, regido por un gobernador que representaba a la monarquía. La medida condujo al surgimiento de disturbios, entre ellos la revuelta de Boston de 1689, pero el diferendo quedó resuelto después de la Revolución Gloriosa, con la disolución del Dominio. Se reinstauró la política de negligencia saludable y la mayoría de los comerciantes coloniales siguió cumpliendo con rigurosidad sus obligaciones económicas con Gran Bretaña.

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Guerras coloniales

la idea de que nueva inglaterra había demostrado su capacidad militar condujo a que muchos de sus habitantes comenzaran a formarse una identidad propia.

A partir de la segunda mitad del siglo XVII y de manera contínua hasta 1763, las Trece Colonias de Inglaterra se hallaron involucradas en una serie de guerras que no solo reforzaron sus lazos mutuos sino que también las convencieron de sus habilidades marciales. De hecho, desde su fundación la mayoría de los pueblos coloniales habían mantenido alguna forma de milicia con el objetivo de proteger a sus comunidades de los múltiples peligros de la implacable frontera norteamericana. Las milicias se habían puesto a prueba entre 1675 y 1676 durante el conflicto conocido como guerra del Rey Felipe, en el que los nativos americanos seguidores de Metacomet, conocido por los ingleses como rey Felipe, combatieron contra las colonias de Nueva Inglaterra. Tras una encarnizada lucha los colonos acabaron por imponerse sin ayuda de Inglaterra. La idea de que Nueva Inglaterra había demostrado su capacidad militar llevó a muchos de sus habitantes a desarrollar una identidad propia distinta de la inglesa, lo que plantó la primera semilla de una identidad estadounidense diferenciada. Además, la guerra del Rey Felipe ocasionó enorme destrucción en Nueva Inglaterra; el conflicto se mantiene como el más sangriento de la historia de los Estados Unidos en cuanto a la proporción de la población que resultó muerta. El trauma que el conflicto trajo consigo y los esfuerzos de reconstrucción después de concluido también contribuyeron a reforzar la nueva identidad de los pobladores de Nueva Inglaterra.

Apenas terminada la contienda, Inglaterra arrastró a las colonias a casi un siglo de guerras contra los dominios franceses de ultramar. Estos enfrentamientos, también conocidos como Guerras franco-indígenas, fueron parte de conflictos más amplios que se habían originado en Europa. Entre las luchas se incluyen la guerra del rey Guillermo de 1688-1697, la guerra de la reina Ana de 1702-1713, la guerra del rey Jorge de 1744-1748 y la guerra franco-india de 1754-1763. Cada una de estas contiendas lanzó a las colonias inglesas contra las francesas, y diversas naciones aborígenes americanas se vieron forzadas a tomar partido por uno u otro de los beligerantes.

The French and Indian War in North America, 1754 - 1763
Guerra franco-india en Norteamérica, 1754-1763
Simeon Netchev (CC BY-NC-ND)

Para la década de 1740 los colonizadores habían empezado a servir en «regimientos provinciales», que eran unidades semiprofesionales mejor entrenadas que las milicias comunes. Los regimientos provinciales llegaron a constituir la parte fundamental de las fuerzas combativas británicas en América del Norte, lo cual queda ejemplificado por el asedio de Louisbourg en 1745, en lo fundamental llevado a cabo por las tropas coloniales de Nueva Inglaterra. Una vez más las vivencias compartidas en estas experiencias militares unieron a los colonos norteamericanos, y les proporcionaron un sentido de propósito dentro del extenso imperio. Victorias como la de Louisbourg les demostraron que eran capaces de alcanzar el éxito por méritos propios, y aunque los colonos aún se consideraban ante todo británicos, bajo la superficie comenzaba a arraigar una distinguible identidad estadounidense. Más aún, la cantidad de soldados coloniales entrenados por los británicos demostraría ser significativa, puesto que muchos oficiales del ejército continental habían servido con anterioridad bajo el mando inglés.

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Limitación de la expansión hacia el oeste

Las victorias logradas en la guerra franco-india extendieron de manera relevante los dominios británicos en la Norteamérica continental. Todo Canadá quedaba ahora bajo su control, así como la totalidad de las tierras ubicadas al oeste del río Misisipi. Una gran parte de los colonos americanos ansiaba expandirse hacia estos territorios occidentales, que consideraban su legítimo botín de guerra. El conflicto había estallado en 1754 a partir de una disputa entre Virginia y la Nueva Francia relativa a las tierras del valle del río Ohio. La colonia de Virginia creía tener derechos a ese territorio, no solo porque había luchado por él, sino porque su economía dependía del acceso a campos fértiles y frescos. El tabaco, principal cultivo de la colonia, agotaba los nutrientes del suelo, lo que conducía a los dueños de las plantaciones a la búsqueda constante de nuevas tierras. El tema constituía una prioridad de máxima importancia para la colonia virginiana, como demuestra el hecho de que, entre los inversionistas de la Compañía de Ohio, una empresa dedicada a la especulación con tierras, se encontraban miembros muy prominentes de la clase acomodada, como George Washington y la familia Lee. Otras colonias también valoraban las tierras del oeste para la consecución de sus propios objetivos, mientras para los particulares constituían la promesa de un nuevo comienzo, o la obtención de propiedades. Además, a muchos veteranos de la guerra franco-india se les había prometido la entrega de tierras en el oeste.

George Washington as a Farmer
George Washington como granjero
Junius Brutus Stearns (Public Domain)

El creciente flujo de colonos hacia esas tierras produjo conflictos con los pueblos nativos de Norteamérica que vivían en ellas. Con frecuencia se generaban disputas entre los colonos blancos y los aborígenes americanos por la posesión de los suelos, las cuales desembocaban en hechos violentos. Una de las confrontaciones más importantes, la rebelión de Pontiac, obligó a Inglaterra a movilizar valiosos recursos militares para ayudar a los colonizadores a reprimir la revuelta. Los británicos, ya entonces muy endeudados, no deseaban acudir en defensa de las colonias cada vez que provocaran una guerra con alguna nación aborigen americana. Además, el Parlamento temía que la migración hacia las profundidades del continente hiciera a sus participantes menos dependientes de las mercancías británicas y que ello propiciara el surgimiento de ideas de independencia. El deseo de contener la expansión de los colonos condujo a la emisión de la Real Proclamación de 1763, que prohibía el establecimiento de nuevos asentamientos al oeste de los Apalaches. Muchos colonos se sintieron traicionados por el edicto, que según su interpretación conculcaba las libertades que tanto valoraban.

Imposición de gravámenes sin representación

Al finalizar la guerra franco-india, el Imperio británico se encontró sumido en deudas. En enero de 1763 la deuda pública ascendía a 122.603.336 de libras con intereses anuales de 4.409.797 de libras (Middlekauff, 61). Debido a que el problema se presentaba en un momento en que el comercio se encontraba deprimido, parecía que el único medio de comenzar a abordar las dificultades era aplicar nuevos impuestos, pero la carga impositiva que ya soportaban los ingleses nativos había alcanzado el límite. Prueba de ello habían sido las manifestaciones de mayo de 1763 en Exeter en protesta por los nuevos impuestos sobre la sidra, lo cual condujo al Parlamento a concluir que no podía imponerles nuevas exacciones a los ingleses sin chocar con una fuerte resistencia. La solución natural fue dirigir la mirada a quienes vivían en otras partes del vasto Imperio británico, en particular a los pobladores de las colonias norteamericanas. Después de todo, la guerra se había peleado en buena medida en defensa de esas colonias, lo cual les había producido grandes beneficios. Además, se envió un ejército para mantener la paz en Norteamérica tras la rebelión de Pontiac, una provisión que a juicio del Parlamento tenían que pagar los colonos.

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En ese instante apenas existía desacuerdo en el Parlamento acerca de la necesidad de gravar a las colonias. Sin duda, el Parlamento se sentía complacido por haber seguido una política de negligencia saludable durante las últimas décadas, pero ello no implicaba que renunciara a su derecho de hacerla a un lado si fuera necesario. Así, en 1764 sondeó las aguas con la emisión de la Ley del Azúcar, que se limitaba a reafirmar la obligación del pago de tributos existentes sobre la melaza de caña de azúcar y a reprimir el contrabando. La acción irritó a los mercaderes americanos, debido al importante rol que desempeñaba la melaza en las economías de las colonias de Nueva Inglaterra. Al resultarles imposible continuar sobornando a los agentes de aduana británicos, los comerciantes se vieron obligados a desembolsar mayores sumas por concepto de aranceles, y comenzaron a condenar la injerencia parlamentaria en los asuntos de la colonia. Escritores como Samuel Adams se convirtieron en figuras prominentes por oponerse a la Ley del Azúcar, respecto a la cual argüían que la aplicación del impuesto equivaldría a una «esclavitud tributaria». Afirmaban que debido a que no existían representantes de los colonos norteamericanos en el Parlamento, este no contaba con amparo constitucional para gravarlos. El Parlamento refutó el planteamiento con el argumento de que los colonos no se diferenciaban de los ingleses que no calificaban para participar en la política y que a pesar de ello estaban representados de manera virtual en él.

The Able Doctor, or America Swallowing the Bitter Draught
El Doctor apto, o el Trago amargo de los Estados Unidos
Unknown Artist (Public Domain)

Sin embargo, la normativa que en la mente de muchos colonos cruzó la raya roja fue la propuesta parlamentaria de la Ley del Timbre. La regulación imponía un tributo sobre todos los documentos registrados en papel; el pago de la tarifa estaba representado por un sello que se aplicaba, entre otros, a contratos legales, certificados de matrimonio, licencias para la comercialización de licores, periódicos, e incluso a los naipes. El impuesto, aunque no conducía a la ruina de la mayoría, impactaba a muchas más personas que las afectadas por la Ley del Azúcar, y por lo tanto resultaba más visible. Las voces de Adams y sus colegas whigs republicanos se alzaron. Los comerciantes boicotearon los productos británicos y hubo manifestaciones en las calles de Boston, donde un grupo clandestino nombrado Hijos de la Libertad ahorcó efigies de los distribuidores británicos de sellos y quemó sus hogares. De mayor relevancia aún resultó ser la reunión de una delegación de nueve colonias efectuada en la ciudad de Nueva York en octubre de 1765 para concertar una respuesta unificada a la Ley del Timbre. La asamblea, conocida por el nombre de Congreso sobre la Ley del Timbre, constituyó la primera ocasión en que las colonias se unían para oponerse al Parlamento.

Las tensiones crecen

El Parlamento, conmocionado por la vitriólica respuesta a la Ley del Timbre, decidió revocarla a principios de 1766. Pero de inmediato aprobó la Ley Declaratoria, que proclamaba la autoridad del Parlamento para legislar en nombre de todas las colonias británicas «en todos los casos». En esencia, el reglamento establecía que el Parlamento no cedía a las exigencias de los colonos y que mantenía su derecho a imponerles sus políticas. Alrededor de esta fecha también aprobó la Ley de Acuartelamiento de 1765, que obligaba a las colonias a proveer alimento y alojamiento a los soldados británicos estacionados en sus ciudades. El mandato consternó a muchos colonos, quienes de tiempo atrás entendían que los ejércitos permanentes constituían una antítesis de la libertad. Por estas razones las tensiones no habían desaparecido cuando el Parlamento promulgó las Leyes Townshend entre 1767 y 1768, que aplicaban una serie de aranceles a artículos como el vidrio, la pintura y el té. Una vez más las legislaturas coloniales condenaron los tributos por considerarlos inconstitucionales, y numerosos comerciantes acordaron nuevas restricciones a las importaciones de productos británicos. Diversos disturbios estallaron en Boston y la situación se deterioró a tal grado que en octubre de 1768 el Parlamento tuvo que despachar a la ciudad dos regimientos de soldados para mantener la paz.

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The Boston Tea Party
El Motín del Té de Boston
W. D. Cooper (Public Domain)

La presencia de tropas británicas en Boston no hizo más que exacerbar las hostilidades, en particular a partir de que los soldados comenzaron a ocupar puestos de trabajo locales. La situación culminó con la masacre de Boston del 5 de marzo de 1770, acontecimiento en que nueve soldados británicos encarados por una turba enfurecida dispararon y mataron a cinco manifestantes. Los soldados fueron arrestados y juzgados, pero casi todos fueron absueltos gracias a la enérgica defensa del abogado bostoniano John Adams. Poco después de la masacre se derogaron casi todas las Leyes Townshend, las tensiones comenzaron a ceder, y durante un tiempo pareció que las cosas podrían retornar a la normalidad. Sin embargo, para el Parlamento el asunto de los impuestos sobre el té se mantenía abierto, cuestión que en mayo de 1773 se convertiría en un problema, al concedérsele a la Compañía Británica de las Indias Orientales el monopolio absoluto del té en las colonias inglesas. Sam Adams y otros whigs argumentaron que la licencia no era más que una estratagema del Parlamento para obligar a los colonos a pagar impuestos, puesto que al comprar té a la Compañía de las Indias Orientales, también estarían pagando de manera inadvertida el impuesto sobre el té. El asunto provocó indignación, y el 16 de diciembre de 1773 se produjo el Motín del Té en Boston, durante el cual los Hijos de la Libertad arrojaron al puerto de la ciudad 342 cajas de té pertenecientes a la Compañía de las Indias Orientales.

Leyes Intolerables

El Parlamento deseaba castigar a la insolente colonia de Massachusetts por el motín del té, por lo que en 1774 dictó las cinco Leyes Coercitivas. Conocidas por los colonizadores como Leyes Intolerables, las políticas que establecían se encontraron entre las causas más directas de la guerra de la Independencia de los Estados Unidos. Incluían el cierre del puerto de Boston al comercio hasta que la ciudad compensara a la Compañía de las Indias Orientales por el té que se había destruido, y la suspensión del gobierno representativo en Massachusetts, que quedaba a cargo de un oficial militar, el general Thomas Gage, designado como gobernador. Además las leyes estipulaban que a partir de su entrada en vigor los oficiales británicos acusados de la comisión de crímenes en Norteamérica serían juzgados en Gran Bretaña, algo que los colonos temían condujera a viciar y corromper la justicia. La cuarta ley ampliaba la impopular Ley de Acuartelamiento y requería que las colonias proporcionaran alojamiento en edificios desocupados a los soldados, aunque no en casas particulares. La quinta ley, nombrada Ley de Quebec, expandía el territorio de la nueva provincia de Quebec hasta el río Ohio y prometía a los canadienses de origen francés la práctica irrestricta del catolicismo, cuestión que ofendía a los colonos protestantes ávidos de esas tierras, que poco antes habían luchado contra los canadienses.

Las Leyes Intolerables preocupaban al conjunto de las Trece Colonias; si se podía tratar a Massachusetts de esa forma, ¿qué impediría al Parlamento tratar a las demás colonias de la misma manera? Las leyes se interpretaron como una manifestación de la tiranía ejercida por el Parlamento, que de esa forma reivindicaba todo lo que los whigs americanos habían temido. Varias asambleas legislativas, entre ellas la Cámara de Ciudadanos (House of Burgesses) de Virginia, condenaron las Leyes Coercitivas y proclamaron su solidaridad con Massachusetts. El gobernador real de Virginia disolvió la cámara por su insolencia, lo cual añadió leña al fuego. Los representantes de 12 colonias se reunieron a finales de 1774 en Filadelfia, en lo que se conoce como Primer Congreso Continental, donde esperaban preparar una respuesta a las Leyes Intolerables. El Congreso decidió alistar milicias locales para enfrentar un conflicto potencial, y además tomó nuevos acuerdos relativos al cese de importaciones. También acordó reunirse de nuevo en mayo de 1775 para evaluar la situación, pero antes de la segunda reunión se produjeron los primeros disparos de la guerra en las batallas de Lexington y Concord el 18 de abril de 1775, lo que marcó el estallido de la guerra de Independencia de los Estados Unidos. Esta contienda constituiría el factor decisivo que daría lugar a una identidad estadounidense independiente de Gran Bretaña, y sentaría las bases para la fundación de una nueva nación.

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Preguntas y respuestas

¿Cuáles fueron las causas principales de la Revolución de las Trece Colonias?

Entre las causas principales de la Revolución de las Trece Colonias y la guerra de independencia se encuentran la aplicación de una serie de impuestos que los colonos consideraban injustos; la restricción de la expansión hacia el oeste de los colonos; el surgimiento de una identidad americana propia, diferente de la inglesa; el escalamiento de conflictos como el de la Masacre de Boston y el Motín del Té de Boston.

¿En qué consistía la política de no negligencia saludable?

La negligencia saludable era la política informal que el Parlamento de Gran Bretaña aplicaba a las Trece Colonias británicas; consistía en que las colonias podían gobernarse y aplicarse impuestos a sí mismas siempre que mantuvieran su rentabilidad para la metrópoli.

¿Cuáles eran los «derechos de ingleses»?

En el contexto revolucionario de Estados Unidos, los «derechos de ingleses» eran una serie de libertades que se consideraban consagradas por la constitución británica, entre las cuales se incluían el derecho de aplicar gravámenes de manera autóctona y contar con un gobierno representativo. Los colonos estadounidenses entendían que estos derechos se les hacían extensivos a ellos y que el Parlamento no podía infringirlos.

Sobre el traductor

Waldo Reboredo Arroyo
Interesado en el estudio de las migraciones, costumbres, las artes y religiones de distintas culturas; descubrimientos geográficos y científicos. Vive en La Habana. En la actualidad traduce y edita libros y artículos para la web.

Sobre el autor

Harrison W. Mark
Harrison Mark se graduó de la Universidad Estatal de Nueva York en Oswego, donde estudió Historia y Ciencias Políticas.

Cita este trabajo

Estilo APA

Mark, H. W. (2025, enero 20). Causas de la Revolución de las Trece Colonias [Causes of the American Revolution]. (W. R. Arroyo, Traductor). World History Encyclopedia. Recuperado de https://www.worldhistory.org/trans/es/2-2611/causas-de-la-revolucion-de-las-trece-colonias/

Estilo Chicago

Mark, Harrison W.. "Causas de la Revolución de las Trece Colonias." Traducido por Waldo Reboredo Arroyo. World History Encyclopedia. Última modificación enero 20, 2025. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-2611/causas-de-la-revolucion-de-las-trece-colonias/.

Estilo MLA

Mark, Harrison W.. "Causas de la Revolución de las Trece Colonias." Traducido por Waldo Reboredo Arroyo. World History Encyclopedia. World History Encyclopedia, 20 ene 2025. Web. 02 abr 2025.

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